Principios básicos de motivación – 2: Definición y características

www.gamisolution.comEl concepto de motivación, como se ha visto en el apartado anterior, se ha estudiado en ámbitos tan diferentes como la filosofía, la psicología o la biología. Aparece en el diccionario de la R. A. E. por primera vez en 1947, y en la actualidad se considera que proviene del latín tardío motivus, que significa “relativo al movimiento”. En su 23ª edición, 3ª acepción, se refiere a ella como “conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona”. Todo esto nos da una idea de la motivación como el motor de la acción, la causalidad que explica un comportamiento. La causa puede ser observable (externa), pero también no observable (interna); es decir, una persona puede generar por sí misma la energía que le impele a emitir su conducta. Y es que tanto la motivación como la emoción se consideran los dos procesos activadores que sirven para cargarnos de la energía necesaria para emitir las conductas que llevamos a cabo.

En el caso concreto de la motivación, hay que saber distinguirla de la personalidad. Esta última es un conjunto de características que consideramos más o menos persistentes y estables, y que en cierta medida sirve para predecir nuestra conducta ante determinadas situaciones. Sin embargo, la motivación nos puede llevar a comportamientos distintos ante la misma circunstancia, y, por tanto, debemos considerarla una fuerza dinámica y un estado temporal.

www.gamisolution.comHasta ahora hemos ofrecido una idea de lo que es la motivación mostrando la etimología de la palabra, su uso y sus relaciones con otros términos. Y lo hemos hecho así porque, al estudiarla, nos encontramos con un problema típico en psicología: hay demasiadas definiciones distintas. Ya en 1981, Kleinginna y Kleinginna realizaron un estudio en el que contaron, por entonces, un total de 102 definiciones de motivación. Esto ocurre porque se trata de un constructo, es decir, una construcción teórica sobre algo intangible y, por tanto, de difícil delimitación, como lo son también, por ejemplo, la inteligencia y la personalidad.

En estos casos, lo conveniente es dar con una definición que se centre en los aspectos más importantes para los profesionales que usan y estudian el concepto. En el ámbito del juego y la ludificación, preponderan los objetivos y las metas, de manera que habremos de hacer referencia a ellas al delimitar el significado de la motivación. Nuestro intento es el siguiente:

La motivación es un proceso psicológico que orienta la conducta hacia la consecución de unos objetivos, potenciándola hasta el momento en que estos se alcanzan.

Seguramente esta definición peque de simple, pero, en cambio, es concisa y útil, y a partir de ella podremos definir variables que nos permitan inferirla de las conductas de los sujetos.

Para ahondar más en la comprensión de la motivación, por último, haremos referencia a las cuatro características que se pueden extraer de todas las definiciones que se han hecho de la misma: activación, persistencia, intensidad y dirección.

Todo comportamiento requiere de una activación previa del organismo. Debe haber un umbral de activación que, una vez sobrepasado, dé lugar a una respuesta cognitiva y motora específica del sujeto. Esta activación se produce de manera interna y, por tanto, no observable, de manera que el hecho de que no se produzca una conducta no tiene por qué estar ligado a la ausencia de motivación, sino que también puede deberse a un grado de activación insuficiente.

Rueda-de-ratónUna vez que la conducta motivada recibe la energía suficiente para ser emitida, esta puede persistir hasta que se alcance el objetivo. O sea, la conducta puede repetirse varias veces con el fin de conseguir su propósito, incluso aunque la probabilidad de alcanzarlo sea baja. No obstante, este no resulta un parámetro muy fiable para conocer el grado de motivación de un sujeto cuando es posible emitir conductas alternativas destinadas a alcanzar la meta, o cuando solo es posible emitir una única conducta. Por ejemplo, si encerramos a un ratón en un espacio limitado a una rueda que se mueve incesantemente con energía eléctrica, no podemos decir que el ratón esté motivado a correr en ella, ya que solo le estamos permitiendo llevar a cabo esa conducta.

Otro parámetro que puede reflejar el grado de motivación de una conducta es su intensidad, si seguimos la lógica de que, a mayor intensidad de la misma, mayor será la motivación del sujeto. No obstante, también hay que tener cautela con este parámetro, pues una conducta se puede realizar con alta intensidad no porque la motivación sea mayor, sino porque el sujeto haya aprendido que esa es la manera de realizar la conducta. Por ejemplo, imaginemos que ofrecemos un caramelo a unos niños. Podríamos decir que aquel que grite más estará más motivado para conseguirlo, pero también puede ser que un niño haya aprendido que alzar la voz por encima de la de sus compañeros atraerá más atención sobre él, incrementando así la probabilidad de conseguir su objetivo.

Pero la muestra más clara de que una conducta se encuentra motivada es su dirección, es decir, la elección de una conducta sobre todas las demás posibles; siempre y cuando el sujeto tenga posibilidad de elección.

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